A babor, a estribor, hacia delante y hacia atrás

¿NADIE SE HA PREGUNTADO, REALMENTE, HACIA DÓNDE VAMOS?

Muchas veces la realidad se nos presenta totalmente confusa, y el embrollo es de tal magnitud que tendemos a dudar de nuestra propia cordura. Hace miles de años que la humanidad se pregunta qué es la realidad. Sobre este particular, se le atribuye al gran sabio y filósofo de la India, Siddhartha Gautama, el siguiente análisis de la realidad. Esta“consiste en la apariencia, la naturaleza, la entidad, la fuerza, la influencia, la causa interna, la causa externa o relación, el efecto latente, el efecto manifiesto y su coherencia del principio al fin”.

Nuestra realidad

La apariencia

Un claro ejemplo de confusión lo tenemos en Paraguay con relación a la política internacional de nuestro gobierno. El propio presidente que el pasado mayo regresó de China, informó en una conferencia de prensa que “Paraguay no descarta establecer relaciones con China Popular ”(1). Pese a esta “clara y contundente afirmación”, en el mismo artículo se puede leer: “Las declaraciones del mandatario se contraponen a las del vicepresidente, Luis Castiglioni, quien había cerrado puertas incluso al posible relacionamiento comercial” con la Republica de China. Ante esta situación, y otras anteriores, el gobierno paraguayo continúa brindando una apariencia de desorden e improvisación, un panorama documentado, de que sus hombres no se han puesto de acuerdo sobre política exterior y que cada quien opina y decide a su antojo.

 

La naturaleza

Sobre el mismo tema, y a raíz de la misma conferencia de prensa, otro matutino capitalino destacó:“El presidente anunció una política exterior para captar inversiones”.(2) Agregando, además, que “en adelante el Paraguay establecerá una política económica agresiva sin limitarse a ‘simples cooperaciones’, sino más bien apuntando a captar inversiones extranjeras que posibiliten el desarrollo económico y social del país. ‘Queremos reorientar las relaciones del Paraguay con el mundo’.” Pero, pese a todo lo afirmado, el propio Presidente “informó sobre un préstamo de treinta millones de dólares a quince años de plazo y un bajo interés”, con lo cual pareciera que antes que captar inversiones en forma agresiva , seguimos mendigando “simples cooperaciones” que, a ojos de los críticos del gobierno, continúan siendo apoyo económico de índole política. Además informó sobre una donación de 29 millones de dólares para la construcción de viviendas populares. De esta forma, percibimos a la política exterior paraguaya como de naturaleza falsa y simulada.

 

La entidad

La impresión que causó el discurso presidencial, visto en el marco de los logros concretos u obtenidos tras una costosa gira de dos semanas alrededor del planeta, fue de que “Nicanor regresó con las maletas cargadas solo de promesas”(3). Sí tenemos en cuenta que posiblemente obtuvo treinta de los 125 millones de dólares que fue a pedir prestados a Taiwán, y que su discurso fue netamente futurista: “V amos a terminar con la política exterior simbólica”, “La política exteriorserá agresiva”, etc., parecería que, inclusive, hasta las promesas que trajo el gobernante de nuestro país son únicamente las suyas propias. Nuestro gobierno, nuestro Poder Ejecutivo, como institución política democrática, antes que ejecutar la voluntad popular, da la impresión de hacer exactamente lo contrario, ocultándose tras interminables “discursos de deseos”.

 

La fuerza y la influencia

Con respecto al relacionamiento con la mayor nación de Asia, el Presidente de la República, quien afirmó estar “en un mundo global”, parece no haberse enterado de que el Mercosur como bloqueya ha realizado, en Beijing, el Quinto Diálogo Mercosur-República Popular China, ocasión en que se conformó el grupo de enlace entre ambas partes y se acordó iniciar un estudio de factibilidad sobre un eventual acuerdo comercial. Pese a no estar enterado , el Presidente paraguayo dejó su firma en dicho documento(4), al lado de las firmas de Kirchner, Lula da Silva y Batlle Ibañez. ¿Qué fuerza moral puede tener un Estado, cuyo propio gobierno dice públicamente lo contrario a lo que firma y escribe? ¿Qué fuerz a política y jurídica tiene un gobierno, que sacrifica deliberadamente el camino del bienestar de su pueblo, la senda del progreso comercial del Paraguay, a favor de influencias políticas y económicas ajenas al pueblo paraguayo?

 

La causa interna y la causa externa

No debe extrañarnos a todos los paraguayos que el Ejecutivo nacional afirme, en forma pública y rampante, que “acabará con la corrupción interna del país”, que “pondrá fin al atraso, la pobreza y el sufrimiento paraguayo”, pero que a la hora de la verdad, cuando se esperan decisiones efectivas para el bien -presente y futuro- de la república, se opte, arbitraria e inexcusablemente, por seguir “pidiendo fiado”, antes que por hacer tratos y emprendimientos comerciales que den oportunidad a la fuerza productiva del país de “salir adelante” y sacar adelante a toda la nación. Parece como si existieran causas externas, más importantes, más poderosas -o más atractivas- que la voluntad del pueblo paraguayo, única causa, por la cual debe luchar nuestro gobierno.

 

Efecto latente y efecto manifiesto

Existe en el país una latente pero creciente tensión social que es originada por antiguos abusos públicos contra el pueblo paraguayo. El país arrastra desde hace generaciones un creciente descontento, desprecio y animosidad contra los últimos gobiernos. Esa frustración comienza a manifestarse como un abierto, y cada vez más violento, enfrentamiento a todo lo que significa Estado: las leyes, la propiedad, la vida, la paz. Mientras tanto el gobierno, antes que encarar de una vez por todas un país productivo, un rápido crecimiento de la producción, las exportaciones y los recursos, pone en jaque a lo que aún queda de – la fuerza productiva, continúa endeudando al país, y cierra las puertas a los grandes clientes de nuestro país.

 

Coherencia del principio al fin

Todo lo mencionado anteriormente pone de resalto la absoluta falta de coherencia en el accionar gubernamental, que simula llevar una política pendular entre “las dos Chinas”, cuando en realidad hay una sola China y lo único que se está haciendo es obtener donaciones a cambio de perjudicar, quizás para siempre, el futuro productivo y comercial de todos los paraguayos.

No hay coherencia para evitar otros calificativos, en un gobierno que dice “combatir la corrupción” y préstamos mediante, prefiere beneficiar a los intermediarios taiwaneses, en contra de los intereses de los productores paraguayos.

1. La Nación, 31/05/2004

2. Noticias, 31/05/2004

3. Última Hora, 31/05/2004

4. Comunicado conjunto de los Presidentes de los Estados Partes del Mercosur, 08/07/2004

5. Lotus Sutra.

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