China en América Latina: ¿influencia o hegemonía?.

En el siglo XIX, después de emanciparse de la corona española, los países de América Latina –aún no reconocida por ese entonces como región– fueron objeto de hegemonía británica, compartida en oportunidades con España, Francia o Estados Unidos y cuestionada por este último desde mediados del siglo XIX, tras consolidar su territorio por anexión de posesiones británicas, francesas, rusas, españolas y, principalmente, mexicanas.
En 1850, el tratado Clayton-Bulwer, cuyo contenido principal era la construcción conjunta del futuro canal interoceánico, frenó la expansión panamericana de Estados Unidos, con lo que ambas naciones delimitaron sus esferas de influencia. El Reino Unido tendrá preponderancia en América del Sur y la hegemonía en América Central será, por momentos, compartida. La presencia estadounidense intentó ser reemplazada por Gran Bretaña, Francia y España en México cuando la Guerra de Secesión (1860-1865). Pero aquel país salió fortalecido del conflicto interno, expandió su influencia y los gobiernos latinoamericanos optaron por una u otra hegemonía. Argentina fue una decidida partidaria de la vinculación con Europa, postura defendida en la Primera Conferencia Panamericana de 1888-89. Luego, hacia fines del siglo, el triunfo en la guerra con España y el laudo arbitral del presidente McKinley en el conflicto limítrofe entre Venezuela y Guyana británica expandieron el poder estadounidense en América Central y el norte de Sudamérica, desplazando la influencia británica hacia el Sur, admitida por el Reino Unido en el tratado Hay-Pauncefote de noviembre de 1901 cuando reconoció a Estados Unidos la construcción exclusiva del canal.
En el siglo XX, la declinación británica fortaleció la influencia de Estados Unidos sobre la región hasta alcanzar, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el dominio exclusivo en todo el continente americano. Un atisbo de contra-hegemonía aparece en el período de entreguerras con la expansión de las ideas nazis y fascistas, eliminadas tras las derrotas de Italia, Alemania y Japón en la Guerra Mundial. Luego, el liderazgo hegemónico estadounidense estabilizó la región y mantuvo las relaciones pacíficas entre los estados, interrumpidas por situaciones bélicas o crisis internas e internacionales provocadas por el conflicto Este-Oeste en el marco de la Guerra Fría, situaciones coloniales anacrónicas y antiguas disputas limítrofes heredadas del proceso emancipador.

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