El mar está más allá del río

¿Qué podemos comprar de China?

¿Qué podemos vender a China?

A nte la perspectiva de una posible apertura comercial recíproca entre el Paraguay y la República Popular China, uno podría preguntarse, con mucho tino, qué conveniencias y qué inconvenientes podrían resultar de la misma. Más concretamente aun, un párrafo de un artículo recientemente publicado en Asunción preguntaba: ¿Qué venderá China Popular a Paraguay, que ya no pudiésemos nosotros encontrar en Ciudad del Este o el Mercado 4? ó ¿Qué podemos vender los paraguayos a China continental con precios suficientemente accesibles teniendo en cuenta el alto costo del flete a esos lejanos países?

La respuesta es sumamente simple, si uno ordena un poco el pensamiento que da origen a ambas preguntas. En primer lugar, lo que China quiere vender a Paraguay puede ser encontrado tanto en Ciudad del Este como en el Mercado 4, pero generalmente sometido a falsificaciones o a costosas comisiones por intermediación y hasta triangulación de las mercaderías, factores que no benefician a China continental y perjudican al Paraguay. Todo ello por no comerciar directamente.

En segundo lugar, China ofrece productos baratos y productos de alta calidad, los baratos o una copia de ellos- los encontramos en las veredas de la avenida Pettirosi, pero los de alta calidad, los de tecnología de punta, no los encontramos aquí.

Por otro lado, algunos afirman que sin ningún tipo de relación estamos comerciando con la RPC y del balance anual surge una clara y gran diferencia a favor de la RPC. ¿Pero será que alguna gente que escribe esto lo hace de mala fe o ignora elementales reglas del comercio internacional? ¿Desconoce acaso que al establecerse las relaciones, se estipula el equilibrio comercial como fiel de la balanza del intercambio? ¿No saben que en Japón, uno de los mayores productores de la industria automovilística, para cumplir con ese principio los empleados de las fábricas japonesas andan en automóviles o camionetas de origen estado-unidense?

Finalmente, y más importante, es mucho lo que Paraguay puede vender a China.

Para tener una comprensión superficial del hecho, podemos imaginar que somos un shopping con seis millones de productores que tiene la posibilidad de asegurar un cliente de 1.300 millones de consumidores. Ante estas simples cifras, tanto Ciudad del Este como el Mercado 4 pasan a convertirse en una muy pequeña parte del gran Paraguay productivo, que por primera vez en

mucho tiempo deberá esforzarse para cumplir con los “pedidos” de un cliente gigantesco que, además, paga bien y no establece enojosos y discriminativos cupos.

En cuanto a nuestros precios: éstos no tienen por qué dejar de ser competitivos por causa de los fletes. ¿Acaso los fletes fueron un problema para que Argentina exportara soja por 2.500 millones de dólares a China, o para que Brasil lo hiciera por 8.000 millones de dólares? Muy por el contrario, Brasil, Argentina y Uruguay, tras el millonario éxito de sus exportaciones de soja, ahora se preparan para exportar también naranjas, carnes y lácteos, y como si eso fuera poco, están realizando millonarias inversiones industriales en China.

Paraguay puede vender muchas cosas a China: soja, carnes, lácteos, limones y otros cítricos, maderas, aceites comestibles, aceites industriales, y balanceados para ganado. Estos son solo algunos de los productos que nuestro mercado se encuentra en condiciones de ofrecer compitiendo seriamente en calidad y precios con cualquier nación del mundo. Y la lista continúa.

Por otra parte, hay quienes aseguran que no es necesaria una oficina comercial para venderle a China Popular. Esa afirmación es una verdad a medias, pues en realidad no se necesita una, sino decenas de oficinas comerciales extranjeras en nuestro país, de ser posible una en cada ciudad importante del Paraguay, para que las asociaciones de productores, las cooperativas, los industriales, las gobernaciones y todo ciudadano paraguayo que desee vender sus productos y mercancías, pueda hacerlo fácilmente, en forma legal y honesta. Sólo de esa manera vendrán la prosperidad y el desarrollo a nuestro país, con una mentalidad abierta, con oportunidades claras y concretas.

Es hora de dejar de pensar en el mercado urbano, en los objetivos tímidos y empezar a soñar con el mercado mundial. Y dentro del mundo global, China es el cliente más grande, el que más compra, y además paga.

Cuando queramos pensar en el Este, que nuestros pensamientos no terminen en el río Paraná, sino que vayan más allá del ancho mar. Dejemos de limitar nuestro futuro a un triste destino de contrabandistas, traficantes y falsificadores, y aprovechemos esta ocasión para convertirnos en un país productor, un país comerciante, una nación próspera y seria.

De grandes sueños vienen grandes realidades pero de mentes pequeñas y sobre todo, de mentes que solo piensan en sus propios bolsillos y no en el interés común, solo vienen grandes fracasos.

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