La locura de Marquito

LE ADVIRTIERON QUE NO SIGUIERA
CONTANDO FANTASÍAS A LA GENTE

A fines del siglo XIII Venecia se perfilaba como una creciente potencia europea. Pese a su reducido territorio, su flota recorría todos los mares conocidos y su ejército imponía respeto a las ambiciones conquistadoras de reyes y monarcas vecinos. La pequeña nación mantenía un creciente y activo comercio naval con numerosos reinos y principados vecinos, pero necesitaba más recursos para desarrollarse y superar el poderío de otras naciones que aparecían en el horizonte político mundial. Las autoridades venecianas enviaron delegaciones diplomáticas a todos los rincones conocidos del planeta. Naves y caravanas de mercaderes zarparon en todas las direcciones posibles buscando nuevas rutas y mejores perspectivas comerciales para Venecia.

En una de esas travesías zarparon dos distinguidos comerciantes venecianos, los hermanos Mateo y Niccolas Polo, con rumbo a una misteriosa región del Oriente. En su segundo viaje a la lejana región de Catay viajaba con ellos un silencioso niño llamado Marco.

Pasó largo tiempo sin que hubiera noticias de los hermanos Polo, y la mayoría de los venecianos los olvidaron o los dieron por muertos. Pero un día una nave desconocida atracó en el puerto de Venecia. De ella descendió un joven lujosamente ataviado con ropas de seda, y cubierto de riquezas que dijo llamarse Marco Polo. Llevado ante las autoridades del Estado resultó ser aquel pequeño niño que se había embarcado con su padre y con su tío rumbo al Oriente misterioso. Ahora, el joven veneciano regresaba como embajador, y como prueba de ello Marco presentó a las autoridades una carta de Kubilai Khan, emperador de una gran nación desconocida y a la vez fabulosa. El gran Khan enviaba sus saludos al gobierno veneciano, y le proponía una alianza comercial, además de augurios de paz y promesas de mutua ayuda.

– ¿Pero quién es este monarca desconocido y por qué cree que los venecianos necesitamos de su ayuda?, preguntaron los consejeros del gobierno. En respuesta Marco relató todos los fabulosos descubrimientos llevados a cabo por sus mayores y por él mismo en Oriente. Narró los enormes palacios, las enormes riquezas, las rutas y canales artificiales interminables, los poderosos ejércitos, y describió la gran población de ese país que “eran varios millones de personas”.

En este punto los oyentes interrumpieron el relato de Marco Polo en medio de risas burlonas y frases despectivas. Tantas maravillas no podían sino ser fruto de una mente enferma o creación de un hábil mentiroso. Además, no había nación conocida en el mundo que tuviera “millones de habitantes”.

-¡Ya cállate, señor millón!- le gritó uno de los nobles, causando la hilaridad de los presentes. Y con ese sobrenombre burlón fue tratado de allí en adelante el “loco” Marco Polo. Con el tiempo, y pese a su heroico comportamiento durante la guerra naval entre su país y el reino de Génova, el explorador veneciano terminó en la cárcel, pobre y olvidado. Un poeta, compañero de celda de Marco, recogió sus relatos en apuntes que quedaron hasta los días de hoy como “Los viajes de Marco Polo”.

La historia y la geografía nos demuestran que el “veneciano loco” no mentía, ya que sus descubrimientos fueron corroborados varios siglos más tarde por otros navegantes. Pero Venecia perdió la oportunidad de convertirse en la nación más poderosa y grande de Europa, y todo ello gracias a la torpeza de sus gobernantes que se rieron del “señor Millón”. La oportunidad desperdiciada por Venecia fue aprovechada años más tarde por naciones como Portugal, Inglaterra y España que llegaron a crear extensos imperios mundiales y a generar riquezas incontables, mientras que la nación de Marco Polo se convirtió con el tiempo en una simple provincia de otro reino.

Setecientos años después de aquella historia, las puertas de la poderosa nación china se abren hoy al Paraguay, ofreciendo respeto mutuo, paz, trato igualitario y beneficios económicos recíprocos. Nuestra nación necesita imperiosamente desarrollarse, expandir y aumentar su comercio exterior e incrementar su producción interna.

¿Será que nuevamente los duques y condes de nuestro eterno medioevo responderán con gritos y risas, cerrando las puertas del país a la amistosa y conveniente propuesta china? ¿Acaso, al igual que los venecianos, desaprovecharemos la oportunidad de progresar, dejando el lugar a otras naciones con gobiernos más inteligentes?

¿Será que seguiremos apostando a la limosna cómo una nación de pordioseros eternamente? O tomaremos en nuestras manos la gran oportunidad de progreso que se nos presenta ante China y comenzaremos a marchar por la senda ascendente del progreso nacional. La elección está ahora en nuestras manos y así como solo nosotros somos quienes podemos elegir, asimismo seremos nosotros y solo nosotros, los responsables de los actos que llevemos a cabo ahora. De nuestra elección depende el promisorio futuro o continuar con la decadencia de nuestro empobrecido pueblo.

Este es el gran momento del Paraguay y no importa si nos ponemos la camiseta albirroja o la amarilla alternativa . Solo hay que jugar bien y con toda la garra. Sabemos que podemos.

La historia futura de nuestra patria se está escribiendo ahora.

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