NO a la donación taiwanesa

Por Hugo L. Rubin G .

La prensa local ha publicado periódicamente artículos que relatan la gran cantidad de donaciones realizadas por Taiwán al Paraguay: equipos, ambulancias, puentes -que en algún caso no consigue usuarios debido al temor que genera la posibilidad de caer-y en mayor medida, dinero. Existen criterios básicos sobre las donaciones, no necesariamente dentro del ámbito jurídico, sino en cuanto a sentido común, costumbre o moral.

Es común que un padre haga donaciones a sus hijos con el fin de facilitarle cierto bienestar que podría quedar más lejano si éstos tuvieran que valerse por sí mismos. Es costumbre que una institución internacional o una nación ayude a otra cuando ocurre alguna catástrofe, como la que recientemente nos afectó de manera tan dolorosa: se envían medicamentos, alimentos, profesionales y hasta dinero para fines específicos. Es normal la donación a una institución religiosa, a un niño de la calle o una organización humanitaria e incluso cultural.

La donación en el sentido jurídico, según nuestro Código Civil, artículo 1.202 dice: ”Habrá donación cuando una persona, por acto entre vivos, transfiere gratuitamente el dominio de una cosa o un derecho patrimonial, a favor de otra, que lo acepta”.

A contrario sensu, no es común entregar una cosa o bien a alguna persona o entidad sin relación cercana sin esperar una contraprestación. No es costumbre la donación desproporcionada a un ente que no puede entregar algún tipo de servicio a cambio. No es normal realizar una donación a los dirigentes de un Estado que no es capaz de administrar esos bienes de manera ordenada y se tiene la sospecha de que no serán utilizados para los fines previstos.

No es jurídico según nuestra legislación recibir donaciones internacionales sin el estudio y la autorización del Congreso, aunque se le quiera dar el ropaje de legalidad realizando la transacción mediante fundaciones, principalmente cuando se sabe que éstas son manejadas por el círculo cercano al Presidente de la República, que no ha consultado al Poder Legislativo.

Dar dinero a un drogadicto es acelerar su muerte, pensar que lo utilizará para realizar un tratamiento en una institución especializada es ingenuo, si se hace sin malicia. La ingenuidad en las relaciones internacionales no está permitida porque puede costar vidas. La coyuntura del Paraguay es análoga a la de ese drogadicto, aunque la intención de la donación sea hacer el bien. Taiwán tiene que saber que el dinero no será utilizado con nobles propósitos.

Si la idea es lograr mantener cautivo el voto paraguayo en la ONU a favor de Taiwán o impedir que el Paraguay establezca relaciones formales de cualquier tipo con China, es evidente que el método es efectivo, pero los resultados son solamente negativos. Si Taiwán tuviera la sana intención de ayudar al desarrollo del Paraguay, lo podría hacer mediante controles estrictos de su donación, realizando fiscalizaciones continuas sobre el destino del dinero, los pasos cumplidos, la calidad de los logros y las obras. No ”soltando” los fondos a discreción del gobernante de turno, para que éste beneficie sólo a sus allegados.

Si hubiera buena intención, una donación debería ir acompañada de la milenaria sabiduría china. Recordemos el refrán que dice: ”Dale a un hombre un pez y comerá un día, enséñale a pescar y comerá todos los días”.

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