Oscar Creydt y la “Presidencia de China”

|INTERESANTE VISION “PROFETICA” DE UN GRAN INTELECTUAL Y REVOLUCIONARIO PARAGUAYO

En marzo de 1987 fallecía quien fuera uno de los pensadores más discutidos de la política paraguaya, Oscar Creydt.

Su figura y sus ideas, brillantes, francas, libres, rebeldes y radicalmente patrióticas, fueron siempre discriminadas por su intensa militancia comunista, detalle que era y aún es- grave pecado en la generalidad intelectual del Paraguay.

Pero más allá de los prejuicios y diferencias ideológicas que se puedan tener contra él, Creydt era un hombre culto y cosmopolita, que conoció profundamente al Paraguay y que recorrió el mundo buscando aprehender, en las victorias y fracasos de otras naciones, las fórmulas para el progreso y el desarrollo de sus compatriotas.

La gentileza del prologuista, el excelente periodista Antonio Carmona, quien nos acercara la edición de la obra que citamos, nos permitío elaborar este material.

Si bien Creydt era un crítico de la realidad paraguaya y en eso todos los paraguayos coincidimos desde hace cuatro siglos, se diferenciaba de la mayoría de nuestros compatriotas en cuatro cosas: 1). Buscaba, estudiaba y aportaba soluciones concretas para nuestro país; 2). No se resignaba a aceptar una realidad fatalista del país; 3). No se dejaba influenciar fácilmente por ideas ajenas pensaba por si mismo-; y 4). Era un hombre que aceptaba sus errores, cambiaba y evolucionaba permanentemente. Dicho en otras palabras, su filosofía personal era “la búsqueda”.

Habiendo nacido en 1906 y tras tener una buena educación- parte en Alemania y parte en su Paraguay natal-, siempre fue revolucionario y rebelde, en una época en la cual, serlo era prácticamente suicida . Su pensamiento, que él mismo definió como comunista,tiene en realidad raíces profundamente humanistas, y toda su lucha intelectual tenía como claro objetivo la búsqueda del bienestar, progreso y desarrollo de la nación paraguaya.

Creydt parte de un análisis histórico de los mismos orígenes de la patria, y observa, horrorizado, cómo nuestros ancestros primero los guaraníes y más tarde los criollos independientes, fueron sucesivamente oprimidos por los conquistadores españoles: “Como resultado del baño de sangre de 1545, la organización tribal de los guaraníes vecinos de Asunción fue destruida. (…) Veinte mil indios, el resto de la gran tribu- fueron repartidos entre trescientos colonizadores en forma desigual.” (1)

Creydt descubre que el avasallamiento y la explotación han sido una suerte de comun denominador en

la formación del Paraguay, país que desde su mismo orígen “se formó como un conjunto numeroso y extendido de villas y pueblos esencialmente agrícolas”. Advierte que su patria es una nación absolutamente peculiar y diferente de sus vecinos, en muchos aspectos más independiente que otras naciones del Conosur, y que dicha “formación particular se debía a que la economía del Paraguay, precisamente por ser menos desarrollada, era menos dependiente de España, (…) que las demás colonias.” (2). En sus mismos orígenes, la planificación del Paraguay fue diferente a la que tuvieron, por ejemplo, las demás colonias españolas y portuguesas, ya que “ mientras que en las provincias del Río de la Plata se concedía tierra solamente a hombres ricos que compraban grandes latifundios, en el Paraguay los gobernadores, libres del control central, podían conceder tierras a gente de pocos recursos” (3) .

Pese a la independencia paraguaya, y pese a las dos guerras que asolaron a nuestro país, y aun mucho después de la revolución del 47, Creydt seguía viendo a nuesto país sojuzgado, avasallado y oprimido, como había estado bajo la “Encomienda” española o en las Reducciones Jesuíticas. En 1963, Creydt escribía: “El pueblo está cansado de palabras. El pueblo está harto de promesas vanas y de planes (…) que no se cumplen nunca. El pueblo quiere hechos. Si queremos demostrar al pueblo que algo ha cambiado en el país (…) el gobierno debe apresurarse a tomar medidas eficaces para aliviar la pavorosa situación de miseria a que la dictadura ha condenado a las masas”.

Quizás haya sido la visión de tanta y tan larga opresión del pueblo paraguayo, lo que llevó a Creydt a buscar una salida en el comunismo, y con ese motivo comenzó a viajar y a observar la realidad que se presentaba en los principales países comunistas del mundo. Entusiasmado con los libros de Lenin llegó a Cuba donde sufrió una gran decepción porque “la política no era manejada ni por el partido ni por los campesinos, sino por la policía cubana”. Tras su gran chasco en La Habana, no dudó en efectuar durísimas críticas al régimen de Castro, declarándose pro-soviético. Pero más tarde, al descubrir que la U.R.S.S. intentaba ejercer una suerte de control y mandato sobre el Partido Comunista Paraguayo, se enfrentó abiertamente a las más altas autoridades del gobierno ruso, causando el malestar de varios “comunistas” paraguayos cuyo verdadero interés estaba en los dólares que Moscú periódicamente les enviaba para sus “gastos”.

Fue entonces que, nuevamente decepcionado, viajó a Vietnam, donde pudo mezclarse entre el pueblo en plena guerra contra EE.UU. y observar sorprendido cómo maestros y agricultores defendían al país contra la armada más poderosa del planeta. Pudo tomar el té y dialogar personalmente con el propio Ho Chi Min, personalidad sencilla que cambió para siempre el pensamiento de Creydt, quien recién entonces comenzó a descubrir aquello que tanto tiempo había buscado. El Paraguay no necesitaba ser aliado de Rusia ni de Estados Unidos, la solución no pasaba por allí, según lo que aprendió de las propias palabras del líder vietnamita. Lo que Paraguay necesitaba era “una revolución de liberación nacional, con la consigna del doctor Francia de no mudar de amo ”. (4) Ho Chi Min le dijo a Creydt que Vietnam confiaba solo en su propia fuerza, en su propio pueblo, “El factor principal de la derrota del imperialismo norteamericano en Vietnam fue naturalmente la lucha tenaz, sacrificada, de la nación vietnamita”.

Pero Oscar Creydt descubrió que había un segundo factor que apuntalaba el éxito vietnamita: “El segundo factor fue la presencia de China, que impidió al Pentágono destruir lo que este llamaba “el santuario”, o sea, Vietnam del Norte” (5). Hasta ese momento, en parte por prejuicios personales pero mayormente por influencia de la propaganda soviética, Creydt se había mostrado abiertamente contrario a China. Pero fue invitado por Ho Chi Min a visitar ese país y dialogar con sus autoridades. Pese a los enérgicos discursos que, anteriormente, Creydt había hecho contra Mao Tse Tung, pudo visitar sin problemas la gran nación asiática, donde fue recibido con cierta desconfianza, pero pese a todo ello, el viajero paraguayo salió “gratamente impresionado de ese país”. En China Creydt descubrió que el modelo de desarrollo económico con base en la producción campesina tenía un gran futuro , y vió allí grandes perspectivas de crecimiento y progreso que, estaban totalmente ausentes en el sistema soviético.

A su regreso de China, las autoridades rusas intentaron retenerlo definitivamente en el país, por temor a que Creydt pudiera transmitir a sus compatriotas paraguayos las ideas chinas. “Yo estaba secuestrado en la Unión Soviética, estuve secuestrado desde mi regreso del Vietnam hasta mi salida, esto es un hecho”. “Había un plan para internarme en una clínica para locos, que es el método ruso de inutilizar opositores” (6) .

Creydt se dio cuenta claramente de que había una profunda diferencia en la forma de proceder entre las grandes potencias. China no interfería en los asuntos internos de otros pueblos, ofrecía su ayuda en casos de emergencia, pero eran estos mismos pueblos quienes debían lograr su independencia y desarrollo. En cambio las otras potencias intervenían directamente en el quehacer interno de los pueblos, infiltrando sus agentes y sobornando gobiernos. No tuvo ningún temor en decirle a los rusos que lo tenían prácticamente secuestrado en Moscú, que “el pueblo paraguayo es un pueblo pequeño, por tanto puede ser ofendido fácilmente, pero en cualquier situación el pueblo paraguayo conserva su dignidad”. (7)

En cambio, el gobierno chino ofrecía un franco apoyo al pueblo y gobierno paraguayos, para el logro de su independencia y desarrollo, sin entrometerse ni en sus asuntos internos ni en su ideología, y sin tener intereses de “conquistar” o infiltrarse en nuestra nación. El propio Creydt vió, hace 35 años, que la propuesta china era más franca y más respetuosa, pese a que él profesaba puntos de vista diferentes al gobierno de Mao: al respecto manifestó francamente: “Tengo divergencias con los chinos, yo no soy pro-chino” (8) , pero descubrió que una relación bilateral paraguayo-china era la única salida real y concreta para el desarrollo de nuestro país. Y esa idea se fue afirmando cada vez más hasta su muerte, en 1987.

Hoy día, a la luz de la historia reciente, el brillante pensamiento del temperamental escritor y activista político paraguayo se torna cada vez más certero y profético : la URSS se derrumbó sobre sí misma hace casi veinte años y las grandes potencias occidentales incluyendo Rusia, se tambalean entre la crisis económica y un repugnante repunte del terrorismo internacional.

Paraguay tiene hoy más que nunca la oportunidad de marcar su propio derrotero hacia el futuro. La próspera China ha tendido un puente de progreso, amistad y libre comercio hacia el Mercosur. Nuestros socios del Mercosur ya están transitando esa senda, y si el Paraguay continúa demorando dicha integración, lo único que lograremos es aumentar nuestra ya rezagada posición.

1. “Formación histórica de la nación paraguaya”. Oscar Creydt. Pág. 48.

2. Op.Cit. Pág. 64.

3. Op.Cit. Pág. 63.

4. Op.Cit. Pág. 332.

5. Op.Cit Pág. 328.

6. Op.Cit Pág. 254.

7. Op.Cit Pág. 252.

8. Op.Cit Pág. 329.

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