Paraguay – China

Una oportunidad inapreciable

LAS EXPECTATIVAS DE DOIS GRANDES NACIONES QUE SE COMPLEMENTAN DE MANERA SORPRENDENTE

C hina ha sido históricamente el país más poblado de la humanidad y de hecho es considerada como una suerte de “continente aparte” por los analistas económicos y sociales de las principales potencias del mundo. Con sus 1.300 millones de habitantes y una insuficiencia crónica en materia de alimentos -e insumos para la elaboración de los mismos-, tanto la China antigua como la gran República Popular han estado siempre más allá de los cálculos económicos de los expertos mundiales en la materia. Pero, en los últimos años esta nación ha realizado cambios extraordinarios no solo en su rumbo político sino también en sus objetivos comerciales, abriéndose al comercio internacional.

“China comenzó a consumir y eso movió el tablero económico mundial”, afirma un artículo publicado por la Cámara de Exportadores de la República Argentina. Si bien lo que Carlos Tramutola en realidad afirma, es que “China comenzó a consumir productos extranjeros ”, es totalmente cierto que “el tablero mundial se está moviendo” de una manera tal que sin ser inesperada, ha causado sorpresa en los mercados bursátiles y exportadores del mundo entero. Concretamente el problema chino de la escasez de alimentos, se ha convertido en una solucióneconómica para numerosas naciones del mundo. Eso es lo que ha movido el tablero mundial. La pregunta es por qué.

El gobierno chino ha declarado una nueva emergencia agropecuaria en el 2003 y ello significa sencillamente que lo que produce no alcanza para alimentar a sus 1.300 millones de habitantes. Y no se trata de una rara casualidad, siempre ha sido así. Las crónicas chinas registran que, 2500 años atrás, el sabio Confucio fue convocado para solucionar los problemas agrícolas que afectaban a la

nación. Pero hoy en día los problemas son mayores y de alcance global, dado que la geografía china se ve afectada por un incontenible desierto, y que uno de cada cuatro habitantes del planeta es chino.

Debemos comprender que la nación que necesita comprar comida no es una nación sin recursos, y quizás baste mencionar que China tiene activadas 257 millones de líneas telefónicas celulares de última generación; para darnos una idea de que cuenta con recursos suficientes para poder comprar. Más aún si consideramos que el numero de aparatos celulares se quintuplicó en esta nación durante los diez primeros meses del 2003. De hecho, un país que está en condiciones de enviar naves tripuladas al espacio mientras que el poderoso Japón aún no logra hacerlo con éxito, hace gala de recursos económicos y tecnológicos que lo colocan entre las primeras tres potencias mundiales de dicho orden.

La necesidad china de adquirir alimentos ha potenciado en forma inmediata las economías de una decena de naciones asiáticas que han respondido a tiempo a la demanda china, y estas oportunas transacciones no solo han cambiado el horizonte económico de otras naciones del mundo, sino que inclusive, han afectado a los surgentes bloques económicos mundiales, como por ejemplo, la Unión Europea, Estados Unidos y el Mercosur.

Dentro del bloque sudamericano, Argentina, Brasil y Uruguay han respondido con rapidez a esta oportunidad: Uruguay con lana, carne y trigo, y los dos “grandes” sudamericanos con un verdadero aluvión de exportaciones de soja. Pero pese a lograr exportaciones de 2.500 y 8.000 millones de dólares, respectivamente, ni Buenos Aires ni Brasilia se han quedado allí. La ofensiva exportadora continuó con la presentación de un extenso abanico de productos que, sin ser tan cuantitativos como la oleaginosa, cuentan en cambio con una mayor cotización internacional y conllevan mayor mano de obra, como las ofertas de lácteos, aceites, frutas cítricas y vinos. Todos estos sectores productivos que en el caso de Argentina- se encontraban en situación crítica por la baja demanda internacional, han pasado de pronto a un nivel de producción que podría definirse con la frase a toda máquina. No hay que creer que China compra baratos productos de baja calidad. Para acceder al mercado más grande del mundo, Argentina ha debido recurrir a estrictas negociaciones sobre parámetros de calidad y normas de seguridad sanitaria con Beijing, más aún teniendo en el horizonte a los pulcros competidores del bloque europeo, Australia y Nueva Zelanda. Pero nuestros vecinos sudamericanos están venciendo en la pulseada y ello redunda en gigantescos ingresos económicos para sectores productivos que estaban hasta hace poco virtualmente paralizados.

Paraguay ha demostrado suficientemente que puede aprobar con excelentes calificaciones todos los exámenes internacionales de calidad, por ejemplo con los productos cárnicos que hemos exportado a Europa y al exigente mercado chileno. Además, lo que China plantea, son normas de calidad de vigencia internacional, no los famosos “cupos” a los que nos han acostumbrado otros “clientes” pero que, en el fondo, solo buscaron durante años manipular políticamente nuestra necesidad de exportar.

Indudablemente se trata de una oportunidad inapreciable: China necesita comprar y Paraguay necesita vender. Lo que China quiere comprar es lo mismo que nosotros queremos vender. Y el volumen de la demanda es tan grande que, muy difícilmente Paraguay en sus mejores niveles de producción, pueda satisfacer totalmente. Tampoco se trata de una ocasión casual, o de una circunstancia pasajera, ya que la demanda de alimentos que China plantea tiene más de 2.500 años de antigüedad e irá creciendo en el futuro.

En pocas palabras, quienes siempre han predicado las promesas incumplidas hasta ahora de progreso, trabajo, prosperidad, desarrollo agrícola y crecimiento económico y tecnológico, ahora tienen la oportunidad de cumplir.

Indudablemente, dejar pasar esta ocasión de progreso y prosperidad sería una negligencia histórica grave. Seamos honestos y sinceros con nosotros mismos, no hay excusas, ni alianzas, ni donaciones, ni ideologías, ni políticas internacionales que justifiquen tamaña necedad ante la necesidad del pueblo paraguayo. Con la limosna nunca se ha logrado el desarrollo o la prosperidad en ninguna latitud de este planeta.

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